14 de agosto de 2012

Memorias...

La tuve tantas veces entre mis sueños, besé sus manos y me perdí en su fuego. La mirada de una mujer es un abismo eterno, solo ellas pueden amar hasta la locura y en el momento de entregarse reír tan cuerdamente como un cuerdo antes de morir. 
Su amor fue un misterio, sus besos un martirio y sellamos lo prohibido en cada calle que nos escondimos. Jamás nos importó la mirada de los que acusan, cuando estábamos juntas todo parecía un sueño. No importa cómo acabó o cuándo y por qué, descubrí que amar a una mujer es como perseguir el cometa que se fue volando por culpa del niño que no supo cuidarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario