4 de agosto de 2012


Estaba perdido, el atardecer caía en mi mirada, y todo quemaba a fuego vivo, pero nada, la soledad me envolvía con sus alas negras y   no sentía dolor, ni alegría, ni tristeza.  NADA. Y podía correr , pero los túneles eran tan angostos que apenas respiraba, estaba  atrapado, desesperado, angustiado. Los gritos. Aquellas voces resonaban tan fuerte que no podía oír mi propia voz y de pronto las paredes se empezaron a acercar hacia mí, ya no había otra salida, me encontraba atrapado en mi propia cárcel. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario