
Estaba perdido, el atardecer caía en mi mirada, y todo
quemaba a fuego vivo, pero nada, la soledad me envolvía con sus alas negras
y no sentía dolor, ni alegría, ni
tristeza. NADA. Y podía correr , pero
los túneles eran tan angostos que apenas respiraba, estaba atrapado, desesperado, angustiado. Los
gritos. Aquellas voces resonaban tan fuerte que no podía oír mi propia voz y de
pronto las paredes se empezaron a acercar hacia mí, ya no había otra salida, me
encontraba atrapado en mi propia cárcel.
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