8 de agosto de 2013

Y si nos desgastamos a besos, cariños y sueños ,
si nos reencontramos en caminos olvidados, 
qué tal si me amarras en tu fuego 
y me destrozas como solo el amor puede hacerlo. 

Y si me tientas noches enteras,
qué tal si me alejas entre abrazos eternos, 
si nos perdemos en cada mirada, en cada caricia y en cada lágrima. 
Pues es ahora cuando el tiempo nos pertenece, 
y no mañana cuando nuestras sombras se desvanezcan. 

Entonces bésame como si no hubiera otra vida, 
y yo te responderé como fuego en nuestros labios.
Hundámonos sin razón de tenernos, 
pero con un sentido en nuestros cuerpos. 
Ella le susurraba al viento que el amor la dejara, caminaba entre laberintos tormentosos que tenían marcados con huellas de fuego el camino oculto de los amantes prohibidos.
Todo callaba a su alrededor menos el silencio de su alma que era dulce como la mirada de un niño al morir.A nadie le importaba que ella se dejara extinguir entre sus propios lamentos, que se dejara azotar con los recuerdos cansados, pues estaba sola, oculta entre lágrimas, entre el baile de las letras, entre el viaje eterno de sus páginas. Y quería gritar, pero su llanto era más fuerte que su dolor, se dejaba envolver por su agonía cuando se encontraba vacía...Algo en ella se había quebrado para siempre, algo como un pequeño cristal que jamás se podría volver a reparar, los pedazos rotos del ayer se quedaron incrustados entre sus gritos haciendo sangrar su sonrisa.¿ Y para qué escribe se preguntará? Para calmar su dolor ella responderá, pues se encontraba rota entre la multitud espantada por la maldita rutina. Ya no le quedaba nada, solo las palabras que no podía decir, solo la desesperación latente entre sus heridas... nada la podía calmar, se parecía más a la muerte que a la vida misma.
Los segundos seguían pasando, los segundos entre las arenas, como el tiempo que se escapa entre los dedos. Los minutos escapan con la libertad que se pierde, aquella musa que tantos desean, pero nadie consigue, aquella libertad que mata y que se enfrenta con la muerte, con la luna y con el sol. A medida que caminamos nos vamos quedando más solos, la vida desvanece ante nuestros ojos y otra vez nos sentimos vacíos.
Y es que todo duele, cada rincón de este anochecer sonriente, cada respiro entre la madera, cada adiós que se escucha lejano. Duele tanto que ni estas palabras alivian el alma cansada de llorar, las fuerzas expiran y ni siquiera la luna se apiada de mí y solo quiero seguir aguantando hasta ya no poder, pero todo se vuelve gris que la mañana nos da su espalda... caen gotas de melancolía, cae el desierto, cae la lluvia, cae el dolor, cae, todo cae, cae el espanto, caen las llamas... cae...todo cae.

Y aquí me despido entre lo que queda de mí y lo que me abandonó, ni siquiera el recuerdo de una sonrisa me puede rescatar de este encierro pero... Qué más da, si lo que se ha roto no se puede volver a reparar.