Latinoamérica se ha alimentado de varias culturas a lo
largo de su historia, incluso antes de
la llegada de los españoles, un claro ejemplo de ello es la influencia de los
Olmecas en las grandes civilizaciones
americanas, o también la influencia Inca en los indígenas chilenos.
Refiriéndonos a Chile, el español que llegó, era un hombre proveniente de los
lugares más pobre de España, analfabeto, con un afán de gloria y aventurero. Ya
en el “Nuevo Mundo”, obligaron a los originarios a trabajos pesados,
maltratándolos y rebajándolos a nada, además de producir la muerte de millones
de personas, también produjo una gran diferenciación entre “blancos” e “indios”
, incluso cuando el mestizaje era evidente, a los niños con rasgos indígenas se
les desvalorizaba más que un criollo con rasgos más europeos.
La sociedad de chile surgió de la mezcla de dos mundos
totalmente distintos, pero lamentablemente uno predominó sobre el otro imponiendo su propia cultura, religión e idioma, así se fue construyendo nuestra identidad nacional.
Además a lo largo de los años se han integrado otras culturas a nuestro
territorio, como lo son los alemanes en el sur de chile, musulmanes, turcos,
entre otros. A todo esto, además hay que destacar la gran diversidad cultural
que tenemos por el solo hecho de ser un país extenso, ya que existen grandes
diferencias entre el extremo norte, y en el mismo también, ya que se han
desarrollado distinto tipos de sociedades, en el altiplano, en el desierto y en
la costa, como en el extremo sur, con sus grandes leyendas y costumbres.
Los chilenos tienen esas costumbre de querer aparentar
más de lo que ya son, quizás sea una actitud heredada de los hidalgos empobrecidos españoles que llegaron a
América, por eso es más fácil adoptar las ideologías que vienen de las grandes
potencias mundiales, no solo eso, sino que la música, la vestimenta, las
costumbres, los ideales etc. Dejando de lado la hermosa riqueza de nuestra propia tierra,
de nuestra propia gente que ha sido callada, marginada y violentada por miles
de años. Ignacio Martínez (2010) postula en su palestra en el X Seminario Internacional
de Letras Interfaces e Deslocamento:
“La
peor dominación es la enajenación. La globalización hoy tiene ideas hegemónicas
que buscan prevalecer sobre toda la humanidad. La forma de dominación más
profunda del poder es cuando el dominado se quiere parecer al dominante y
adopta todas las visiones de este, enterrando las propias.
Un pueblo sin memoria está condenado a desaparecer
como tal, convirtiéndose en parte de una masa uniforme al servicio de los que
lo dominan. Un pueblo sin identidad está condenado a adoptar la identidad de
otro que por lo general es la identidad dominante.”
Quisiera
poner énfasis en la discriminación que han tenido que padecer los originarios
de esta tierra. Por querer semejarse más a los que nos dominaron se han dejado
de lado los derechos de miles de personas, que lamentablemente, son parte de la
población con escasos recursos y oportunidades, por eso no hay que sorprenderse
de que los pueblos indígena, pertenecen a la población más pobre de Chile, y
también América Latina. A consecuencia de esto, la educación indígena se ve
centralizada en zonas rurales, precarias y con gran cantidad de de dicha
población, obstaculizando, la cohesión e integración social y cultural que podría haber si existieran dichas
escuelas en zonas urbanas, los alumnos no solos compartirían con sus
compañeros, sino que tendrían acceso a ampliar sus conocimientos y dando
espacio al desarrollo de la tolerancia
de la población que suele discriminar a las minorías étnicas, y en este labor,
también los profesores tienen mucha responsabilidad, ya que tendrían que motivar el respeto hacia las estas. Pero
mientras no se hagan esos cambios no habría un intercambio de costumbres, donde los niños puedan aprender recíprocamente, sin marginar
a los alumnos de colegios de enseñanza indígena.
Chile
se integró tardíamente al desarrollo de la educación indígena, fue sólo desde
fines del siglo XX que la EIB (Educación Intercultural Bilingüe) se
desarrolló , heredando todo el aprendizaje continental en la materia. Su
aparición obedece a un contexto social y político sensible a la temática
indígena, influido en gran medida por el cambio de gobierno sucedido a
comienzos de la década de 1990 desde uno militar a otro civil, la constatación
de la pauperización progresiva de las poblaciones indígenas, la visibilización
de los conflictos entre privados, Estado y Pueblos Indígenas sucedidos
principalmente en zonas rurales producto de litigios por tierras y/o recursos
naturales y, las sostenidas demandas por reconocimiento de los Pueblos
Indígenas, principalmente a través de sus dirigentes e intelectuales. En este
contexto se generan políticas públicas indigenistas que determinan la
promulgación en 1993 de la Ley Indígena 19.253, la cual prescribe la
creación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena
(CONADI) y del Programa de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio
de Educación, este último destinado a promover y desarrollar la EIB a
escala nacional.
El
modo de operar las políticas públicas en educación intercultural es similar al
funcionamiento de todas las políticas sociales en el Chile: Neoliberal
contemporáneo, se resuelven en gran medida mediante la lógica de proyectos. Así
entonces, los recursos económicos destinados a apoyar las acciones educativas
en interculturalidad son entregados, vía concurso, a aquellas agencias y/o
organizaciones indígenas que cumplen más a cabalidad con los requerimientos
formales y significativos que determinan quienes elaboran los criterios para su
entrega, es decir, el Estado. La lógica de proyectos repercute en la generación
de desmemoria, falta de aprendizaje o constantes recomienzos, al ser distintas
las agencias favorecidas una y otra vez y no existir mecanismos de acopio de
información. Esta política se aprecia incongruente, pues, si aspira a generar
el respeto por la diversidad cultural, se debe practicar lo pregonado, o sea,
se debe buscar y fomentar la horizontalidad, cooperación, diálogo, aprendizaje
colectivo, etc. Todas estas características son desestimadas en favor de la
competencia, la que muchas veces divide e incomunica a las colectividades que
aspiran a los mismos fines, los que son el reconocimiento y respeto de su
diferencia y una mejora de la calidad de la educación.
El
Estado debe preocuparse de la integración total de toda la población en todos
sus ámbitos, y no dejando de lado al 4,6 % de las personas que reconocieron
pertenecer a una etnia indígena (Censo, 2002), creando mayores políticas
públicas para llevar a cabo ese objetivo y educar a todos para la
revalorización de sus raíces, también en los colegios implementar el
aprendizaje de alguna lengua nativa, al igual como se hace tan fácilmente con el Inglés, Alemán y el Francés, esto llevaría al
mayor respeto por la cultura originaria, y a consecuencia de ello, a la no
discriminación. Para llevar a cabo todo esto los profesores tienen que ser
educados en las universidades en la Interculturalidad, ya que ellos son los
encargados de transmitir los conocimientos, y no solo eso, sino que la manera
en que los alumnos los captan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario