He estado media hora mirando la pantalla, pensando, en todo y en nada a la vez, dejando pasar imágenes de todo lo vivido, y tratando de recrear todo lo que me queda por vivir. La vida, esa hermosa obra de teatro, con giros tan inesperados, que llegan a marear, es una obra que jamás se presentará, pero incluso así es la más bella historia creada en el mundo. A veces todo va tan rápido que sientes que todo se derrumbará, y quedará destrozado entre las sonrisas que jamás llegaras a dar. Y otra veces todo pasa detestablemente lento, y en ese momento tienes tantas cosas por hacer, que lo único que quieres es que el tiempo avance lo más rápido posible, para llegar a completar la felicidad que dejaste guardado en un cofre de cristal, tan sensible, que con el pequeño roce se puede destruir.
Solo soy otra persona buscando su lugar en el mundo, pero es tan difícil como mantener un suspiro entre las manos, y es que todo cambia sin previo aviso, y en el instante en el que siento que pertenezco a un lugar, pasa algo y me encuentro de vuelta en la calle, buscando una nueva dirección
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